Frente a la presión, el organismo activa una respuesta que estaba pensada para durar minutos.
El problema aparece cuando esa activación no se apaga: el cuerpo queda en estado de alerta, con la mandíbula tensa, el sueño liviano y la paciencia corta. No es una cuestión de carácter; es fisiología funcionando de más.
Los adaptógenos se llaman así justamente porque acompañan al cuerpo a adaptarse a esa carga, en vez de empujarlo en una sola dirección.