Sostener la atención no es un acto de disciplina: es un proceso que consume energía, oxígeno y nutrientes.
Cuando el cuerpo viene de noches cortas, de estrés sostenido o de una jornada en alerta, lo primero que se resiente es la capacidad de mantener el foco. Por eso muchas personas notan que el problema no aparece a la mañana, sino a media tarde.
Trabajar sobre las condiciones —descanso, calma, energía estable— suele hacer más por la concentración que intentar forzarla.