Cada célula fabrica su propia energía, y para hacerlo necesita oxígeno, nutrientes y un sistema que no esté todo el día en alerta.
Los estimulantes no agregan energía: adelantan la que ya tenías, y por eso después llega la caída. Cuando el cuerpo viene descansado y con el estrés más abajo, la curva del día se aplana sola: menos pico a la mañana y menos derrumbe a la tarde.
Es un cambio que se construye en semanas, no en una taza.